Cochabamba, Bolivia

Las vueltas de la ola me llevaron a Cochabamba, un día de esos que coincidieron con las correrías del cierre de campaña de las presidenciales. El primer bloque para una idea concreta sobre Cochabamba lo puse desde la ventanilla del avión. En la aproximación se veía un grafiti improvisado, un poco despintado, pero bien grande, en azul, que decía Evo matón.

Después del descenso de la ciudad El Alto, a más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, yo estaba agotada. Bajé al restaurante del hotel para almorzar. Quizás allá todavía almuerzan en hoteles cuatro estrellas con el televisor encendido en las noticias del mediodía, o de pronto esa era la elección de los meseros serios y carilargos. Casi todos los titulares tenían que ver con la reelección de Morales, con las aspiraciones de Carlos Mesa, y al final, con el rescate de un perro de la calle.

Evopolio, el juego de mesa más vendido en Bolivia. No sé si hay que decir más…

En cinco días de visita, las personas con las que hablé, las situaciones con las que me encontré, las publicidades políticas en esa, la tercera ciudad más grande del país, pedían a gritos un relevo. Incluso un juego de mesa como el Monopoly, el Evopolio, se juega siendo narcotraficante o corrupto, y propone la crítica al dominio de la presidencia. Segundo bloque. Incluso antes de llegar, por mis nervios sobre la altura en El Alto y por mi escala de cuatro horas, empecé a hablar con la pasajera al lado mío. No nos callamos en tres horas y media de vuelo, y al final, acabó hablándome sobre la justificación de Evo Morales Aima: es que la reelección es un derecho humano, reconocido a pedido propio en Bolivia por las altas cortes.

Esta semana el conteo de los votos se alargó durante tres días de suspenso. La tendencia exigiría, al menos, una segunda vuelta frente a Carlos Mesa, un candidato de la derecha; se reportaron irregularidades claras en al menos el 3% del conteo. El jueves Evo ya se daba por victorioso, y ayer, el Tribunal Supremo Electoral le reconoció la victoria en primera vuelta.

Según el paralizado Estado, Evo obtuvo dos millones 888 mil votos, frente a los dos millones 240 de Mesa.

Sobre la calle, al costado del Mercado Calatayud

Siempre que camino las calles a la deriva, escudriño en las miradas de las personas y veo una imagen refractaria. Esos reflejos me hacen trazar un vínculo que para mí no termina con la ausencia, porque cada bloque de esos que voy poniendo, me edifica también a mí misma como habitante de este mundo. Quise saber esta semana cómo estaba Cochabamba, cómo está esa ciudad llena de mujeres trabajadoras de todas las edades, llena de esquinas floridas y de esquinas polvorientas, de ambivalencias. En Santa Cruz, por ejemplo, cerraron el mercado participando en el Paro Nacional, convocado por centrales trabajadoras. En Cochabamba, el Calatayud, ese sobrecogedor mercado lleno de todo cuanto se le ocurra a una, sigue abierto, pero a medias. Los colegios particulares suspendieron clases, la gente no va por las calles, las vías principales están cerradas. Imagino el alboroto de los barrios populares de las lomas de Llajta, en la movilización de una gente con la que me costó comunicarme, en el cese de las vacilaciones, ante el riesgo de la dictadura.

“Evo dice que paros y protestas pueden impedir el pago del doble aguinaldo”, dice un titular de la prensa local.

Imagino ahora a mis amigos cochabambinos, yendo a Uyuni o a la Plaza 14 de Septiembre para manifestarse. O los imagino en sus casas, como a los muchos cristianos que no creen que esté en manos humanas intervenir por un cambio. Escucho las declaraciones de transeúntes en reportajes de la prensa internacional: en defensa de la democracia, en defensa del voto, en contra de la corrupción. Desconocemos al presidente, estamos en cabildo permanente.

Pienso a esta hora en lo que es la democracia, en que ha fallado. Pienso en cómo tiembla el Estado, en cómo tiene que temblar cuando la masa le retira la confianza. Porque eso es lo que pasa, no es desconfianza frente al gobierno, sino frente a todo el aparato que lo sostiene, que ha sido secuestrado por un sistema resiliente, que deja vestigios. Pienso en Chile y en Ecuador, en Nicaragua, en Venezuela, en Cataluña, Hong Kong, El Líbano.

Pienso en Haití. Quisiera poder pensar en Colombia. Quisiera pensar en mi isla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s